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Lanin 2, continua la aventura

Posted on Noviembre 03, 2006 by BlogTravel

Capítulo 2:

Por las paredes del Volcán

El clima nos daba una mano y las mochilas ya eran casi parte de nosotros mismos. Pero la pendiente era cada vez mayor y en el camino entre las piedras de lava volcánica nos esperaba una sorpresa, que no iba a hacer fácil nuestra llegada al refugio.

??No se preocupen, cuando el sol termine de subir va a pulverizar a esa nube?, había asegurado Alberto desde la voz de la experiencia. No es que no le creyéramos, pero así y todo, era difícil no subir con un poco de incertidumbre ese primer tramo bajo una nube negra. Sabíamos que al Lanín se sube sólo ??si él quiere? y el clima no parecía estar de nuestro lado cuando iniciamos la travesía. De todos modos, nuestro objetivo para ese día era solamente llegar al refugio de altura, para evaluar en la madrugada siguiente si podíamos encarar la cumbre.

Tras dos horas de marcha, ya en el segundo descanso, el gigante nos sorprendió con sus dos primeras señales de bienvenida: por un lado, la nube empezó a disolverse y pudimos empezar a ver los glaciares de la cumbre (??¡Ja! ¡Yo les dije!?, gritaba eufórico Alberto). Y seguramente por esto mismo y motivados por la imponente vista, casi nos olvidamos por un rato del peso de nuestras mochilas. Aunque Ya veíamos a nuestra derecha el senderito del ??Camino de Mulas? al que nos acercábamos. (FOTO 1)

Allí, los bastones de esquí (usados en este caso para marcar el paso y repartir el peso) tomaron mayor protagonismo, y la empinada cuesta (¡qué bien puesto está el nombre ??cuesta?!) era, como en toda montaña que se precie, muy engañosa, porque muchas veces pensábamos que pasando tal roca o tal punto llegábamos al refugio, pero sólo llegábamos a? más roca, y más empinada. Pero cada metro que subíamos era más y más lindo el paisaje.

Una detención inesperada

Cuando nos faltaba poco más de media hora para el refugio, uno del equipo se sintió muy mal y tuvo que parar. No era bueno detener mucho tiempo la marcha, para que el cuerpo no se enfriara, pero la adaptación a la altura no es fácil y el estómago no le permitía moverse más. El grupo siempre marcha al ritmo del más lento, que es uno u otro según el momento de la marcha. Pero la detención total era un problema inesperado resuelto con espíritu de equipo: dos siguieron hasta el refugio, dejaron sus mochilas y volvieron para cargar por turnos la mochila del más dolorido, que aguardaba en el lugar acompañado.

Así llegamos finalmente al refugio, con mucha hambre y ganas de  descansar. Mientras y o preparaba unos suculentos sándwiches y Alberto acomodaba nuestras pertenencias, Tato y José fueron a cumplir la difícil misión de traer agua.

Bajan novedades

Mientras tanto, otro grupo que venía bajando nos avisó: ??no pudimos hacer cumbre, hasta los 3000 metros subimos bien, pero después hay demasiado viento?.

Con ese panorama poco alentador cenamos unos fideos bastante feos (para la próxima tendremos que llevar un cocinero), y después empezamos a preparar los elementos para el día siguiente. Primero, lo necesario para escalar por la nieve: grampones (pinches) para los zapatos y una piqueta. Además, las linternas que se ponen en la cabeza (porque teníamos que salir de noche) y por supuesto agua y comida.

Dormir en el paraíso 

Cuando todo quedó listo, simplemente nos quedamos contemplando el atardecer, con una vista que jamás vamos a poder olvidar. Las nubes por debajo nuestro, montañas lejanas que parecían piquitos de merengue, los ríos apenas hilitos serpenteantes, y los caminos tan finitos como perfectos por donde habíamos pasado esa misma mañana en la camioneta.

Y como si algo faltara, el regalo máximo de la luna llena coronándolo todo. No sabíamos qué pasaría el día siguiente, pero ya teníamos la certeza de que había valido la pena, fuera cual fuese el final.

Agradecidos por la vida misma nos fuimos a dormir. O a intentarlo dentro de esa rara cueva naranja, muy firme e impermeable pero de piso frío y duro. El cansancio, y el despertador puesto a las 4 AM para encarar la cumbre, nos ayudaron a cerrar los ojos con cierta rapidez. Después de la breve noche, el gran día estaba por llegar?

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