Hostels San Telmo
Con sus
calles adoquinadas, sus conventillos, sus mercados, sus tiendas
de anticuarios y su sabor a barrio, San Telmo
es uno de las zonas más buscadas por el viajero que
desembarca en Buenos Aires. No quedan dudas: la Feria
de San Telmo, que cada domingo reúne a más
de 200 puestos callejeros en la Plaza Dorrego, es la gran
atracción. Aquí los Hostels de San Telmo
proponen sumergirse en este apasionante mundo de historia
y personajes. Entre el ritmo del 2x4 a puro tango y los espectáculos
de música en vivo que invaden calles y locales, San
Telmo es uno de los barrios más antiguos de
la ciudad. Entre sus puntos de atracción, los mapas
señalan la Casa Mínima, con sus 2,2 metros de
fachada, museos como el Histórico Nacional, el del
Cine o el Penitenciario, el Parque Lezama, el famoso Bar Británico,
las mansiones alguna vez ocupadas por las familias adineradas
de Buenos Aires y los pasajes, mercados e iglesias. Con el
mayor flujo turístico, en los últimos también
se han sumado a la oferta de atractivos del barrio varias
nuevas tiendas de diseño de indumentaria y mobiliario.
Plaza
Dorrego se encuentra en el corazón del
barrio de San Telmo. En el siglo 19, San Telmo era
el principal barrio de la ciudad y Plaza Dorrego era su punto
más importante. Los edificios que se encuentran alrededor
de la plaza mantienen su aspecto original. A su alrededor
se encuentran cafés, bares y pubs con sus mesas sobre
la plaza; y también casas de antigüedades y artesanías.
Abundan los shows de músicos y baile callejero, incluyendo
exhibiciones de tango. Los domingos tiene lugar la Feria de
San Telmo. Plaza Dorrego esta ubicada en la intersección
de las calles Humberto Primo y Defensa.
Con sus
clubes de tango, su atractiva feria dominguera de
Plaza Dorrego, sus artistas callejeros y su intensa
vida nocturna, los hostels en San Telmo, Buenos Aires
están ubicado en una zona que te permitirá movilizarte
a pie para conocer algunas de los sitios más interesantes
de la ciudad y también un rápido acceso a barrios
más alejados a partir de una nutrida oferta de transporte
público (subte y colectivos). La Plaza de Mayo, la
Casa de Gobierno, el Cabildo, la Avenida de Mayo, el Congreso,
son todos atractivos a los que podrás llegar con facilidad,
tanto como Puerto Madero con sus diques, sus docks reciclados
y sus restaurantes con terrazas al aire libre y el barrio
de La Boca, con sus casas de colores y su alma rea y futbolera.
Un hostel
confortable en San Telmo le permite experimentar
verdaderamente la cultura argentina durante su estadía.
La Feria de San Telmo es una ceremonia que se repite todos
los domingos. Los turistas, según los puesteros y la
tradicional "Semana de Buenos Aires", que, en noviembre,
estará acompañada por números y disfraces.
Temprano
a la mañana, cada domingo desde hace 38 años,
una curiosa ceremonia se repite en el escenario de la Plaza
Dorrego: baúles, cajas, hierros, tablas, canastos,
se superponen en un repiqueteo que asombra a los noctámbulos
que alargan la noche con un café de última hora,
y a los madrugadores que comienzan el día. A esa hora,
la Feria de Cosas Viejas y Antigüedades de San
Telmo comienza a tomar forma, se construye sobre
el adoquinado de la plaza y repite un ritual que se ha convertido
en el corazón de un barrio que los domingos late de
una manera especial. La organización está a
cargo del Museo de la Ciudad, creador y continuador de la
Feria.
La Feria recibe cerca de 10 mil visitantes
por domingo, entre los cuales, un alto porcentaje está
compuesto por turistas de todo el mundo. Con el correr de
los años, los puesteros han logrado desarrollar una
verdadera clasificación de turistas, según el
perfil de sus compras: así, en vez de fijarse quiénes
compran, los feriantes pueden establecer de dónde es
un turista, sólo con ver qué compra.
Cafés,
bares, restaurantes, hostels: Con solo salir de los Hostels
de San Telmo a recorrer el lugar, se puede hacer
una agradable parada en cualquiera de los encantadores cafés
que al mejor estilo parisino acomodan sus mesas en las veredas
que rodean a la plaza para disfrutar de las típicas
exquisiteces del país y no perderse de la magia del
lugar.